Vivencias de la Parroquia

ANTIGUAMENTE la Iglesia hablaba latín, y nadie conocía ni el contenido del misterio que celebraba ni entendía las palabras que profería y el pueblo solamente intuía.

También había una concepción platónica de separación entre alma y cuerpo, entre materia y espíritu entre sacristía y plaza.
La jerarquía se dedicaba a salvar las almas y por lo general dejaba que el Estado o los Estados construyeran o destruyeran los cuerpos.

Hasta hace poco, cuando un Concilio Vaticano segundo “abrió las ventanas de la casa para que ingrese aire nuevo” y así ingresó en la teología y en la pastoral ese Jesucristo que cambia el agua en vino y luego enseña la alegría del banquete eterno; primero sacia el hambre de los cuerpos y luego se presenta como el Pan de vida Eterna, primero cura a los paralíticos, ciegos y mudos y luego abre el camino y la vista de la Casa del Padre
Es decir un Cristo que vino a resucitar a todo el hombreen su totalidad cuerpo y alma, una sola persona.

Lamentablemente, muchos cristianos y no cristianos guardan todavía el recuerdo de una Iglesia que calla, que solamente vive una liturgia de interior del templo, que parece ajena y lejana al hombre con sus problemas de vida cotidiana.

Es así que una minoría de bautizados que en la Parroquia del Purús han entendido mejor el Evangelio y se sienten y actúan como luz del mundo y sal de la tierra, viene anunciando la justicia y denunciando las injusticias con firmeza e insistencia.
Es por eso que muchos creyentes, anclados en el Antiguo Testamento, ni participan o peor aún cuestionan y condenan a los parroquianos que claman por la Verdad y por el Bien Común.

 

El hecho escandaloso, ominoso, vergonzoso, e insuficiente de vocablos para describirlo, durante la última década en el Purús, ha sido sin duda alguna, la manera como se ha quitado las tierras a los Purusinos para crear el Parque del Alto Purús, aislándolos por completo y dejando a la Provincia sin una salida para el desarrollo y para una vida con igual oportunidades que los demás peruanos.

Los verdaderos cristianos, los que aman a su prójimo y tratan de curar las heridas del samaritano purusino salteado por los ladrones internacionales han venido elevando su voz al cielo y a la tierra Reclamando justicia y libertad.

No faltaron acusaciones y persecuciones que subsisten hasta el día de hoy.

Sin embargo los bautizados, coherentes con su misión y vocación de hijos de Dios han perseverado en su afán de recuperar las tierras y la dignidad que fueron arrebatadas al Purús.

Ya próxima la Pascua, el Obispo, lejos de llamarlos a la “ortodoxia” de los intereses egoístas-capitalistas-ecologistas, los anima de manera espléndida a perseverar y los anima a luchar porque

“Hay muchos ojos que abrir y muchos intereses de afuera que denunciar. Hay mucha prepotencia que ignorar, y mucha dignidad que defender.

Hay muchas voces que levantar para decir “basta!”

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